Agua: el agua recoge sabores y nutrientes de los alimentos, que se mezclan en un rico caldo de cocción.
Cuando el agua es demasiado alcalina, lo es el agua dura, rica en calcio, propia del mediterráneo, favorece que la pasta o el arroz se peguen. Para evitarlo se puede acidificar el agua añadiéndole un poco de zumo de limón, o se puede utilizar un agua de manantial de mineralización débil.
Grasas y aceites: ablandan los alimentos y les dan un sabor atractivo. Cuando una grasa humea es síntoma de que ha empezado a descomponerse peligrosamente.
Hidratos de carbono: son combustible y fibra. El almidón, que forma la masa de los granos, absorbe agua.
Proteínas: se trasforman bajo la acción del calor, los ácidos, la sal o el aire.
En la cocina hay que evitar que las proteínas se resequen.